Entre los yacimientos más ricos en material simbólico, este enigmático complejo se considera, a la luz de las pruebas disponibles, un recinto de función religiosa. Se han recuperado aquí símbolos de extraordinaria variedad, aplicados a artefactos de casi toda índole —recipientes, vestimentas, paneles, pequeños efectos personales— y su profusión se ha interpretado como indicio de la coexistencia de varios cultos distintos, practicados al parecer unos junto a otros.
No es posible determinar si tales observancias se desarrollaban en armonía o en rivalidad. Algunos símbolos parecen haber sido desfigurados de manera deliberada, si bien se discute si ello obedece a los adeptos de una devoción rival o a alguna mano posterior.
Igualmente desconcertante es el hallazgo de varias carcasas metálicas de gran tamaño, huecas y concebidas manifiestamente para transportar pasajeros. Se han interpretado, con cautela, como carros ceremoniales: interpretación que, de ser correcta, sugeriría que en el propio recinto se celebraban ritos de alguna clase, y que los fieles acudían a ellos de un modo acorde con la solemnidad de la ocasión.