Hoy en gran parte engullido por el pantano, este yacimiento monumental debió de servir como lugar de reunión de considerable importancia, inferencia que se desprende, en primera instancia, de su mera extensión. Bajo el terreno en pendiente, los excavadores han identificado una serie de superficies escalonadas que parecen haber alojado asientos, y a una escala suficiente para una concurrencia muy numerosa.
Lo que allí sucedía en realidad permanece oscuro. Se han propuesto juicios; también ceremonias de carácter público, si bien las pruebas de una u otra hipótesis son en gran medida circunstanciales. Lo que no admite discusión es que el emplazamiento fue concebido para ser contemplado por muchos a la vez.
Un rasgo adicional, y más desconcertante, es la intrincada red de túneles y estancias que discurre bajo la estructura. Algunos los han clasificado como espacios funerarios. Otros, advirtiendo la ausencia de restos humanos, han defendido un uso de almacenamiento o, de manera aún más especulativa, la existencia de dependencias privadas ocultas a la vista del público. El propósito de estos pasadizos, como el del recinto que se alza sobre ellos, no ha podido establecerse.