De dimensiones anodinas y factura sencilla, este modesto yacimiento ha retenido, sin embargo, la atención de los estudiosos durante más tiempo que otros mucho más grandiosos, y ello por entero a causa de lo que en él se halló. Pocas estructuras de tamaño comparable han deparado una acumulación tan densa y tan heterogénea de objetos.
La variedad se resiste a toda clasificación sencilla. Piezas de manufactura duradera yacen junto a otras del material más endeble; unas pocas parecen haber sido apreciadas, si bien la mayor parte carece de valor discernible, y varias dan la impresión de haberse conservado mucho más allá de cualquier utilidad concebible. Que tanto se reuniera y tan poco se desechara, al parecer, revela una disposición que no era estrictamente práctica.
La explicación preferida es de índole supersticiosa. El ocupante, se ha propuesto, atribuía a estos objetos una significación que trascendía su función manifiesta: una virtud protectora, quizá, o un apego que se resistía a desprenderse de ellos. Si la acumulación obedecía a la creencia, al sentimiento o a la mera renuencia a separarse de cuanto una vez se había adquirido, las evidencias no lo dicen. Solo cabe observar que el impulso, fuera cual fuese su naturaleza, se llevó hasta un extremo considerable.